Estudio UM mostró que no es lo mismo envejecer en Santiago que en otras zonas de Chile

El trabajo, liderado por la Dra. Sarahí Rueda, académica del Centro de Investigación en Sociedad y Salud (CISS) e investigadora Joven del Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado (MICARE), reveló que las personas mayores que viven fuera de la Región Metropolitana tienen menos años de vida libres de deterioro cognitivo. Así, la educación y tener rutinas de actividad física en la adultez aparecen como factores clave para reducir estas brechas en la vejez.


En Chile, el lugar donde se vive puede marcar una diferencia importante en cómo se envejece. Así lo demuestra un estudio reciente que analizó la Esperanza de Vida Libre de Deterioro Cognitivo (CIFLE) en personas mayores de 60 años y que evidencia profundas desigualdades entre quienes viven en Santiago y quienes residen en otras zonas del país.

La investigación, liderada por la Dra. Sarahí Rueda, académica del Centro de Investigación en Sociedad y Salud U. Mayor y publicada en la revista internacional Social Science & Medicine, analizó datos de 1.959 personas mayores, seguidas a lo largo del tiempo mediante encuestas nacionales y registros administrativos.

Uno de los principales hallazgos del estudio es la existencia de brechas territoriales significativas, pues las personas mayores que viven fuera de la Región Metropolitana enfrentan un riesgo hasta un 30% mayor de deterioro cognitivo en comparación con quienes residen en Santiago. Esta diferencia refleja que en la Región Metropolitana existen mejores condiciones que protegen la salud cognitiva en la vejez, como mayor acceso histórico a educación, servicios de salud, oportunidades de participación social y espacios para la actividad física.

“El estudio muestra que envejecer en Santiago no es lo mismo que envejecer en otras zonas del país”, explica la autora. Según el análisis, las macrozonas norte y sur presentan los peores indicadores de salud cognitiva, lo que anticipa una mayor demanda de cuidados y apoyos en esos territorios en los próximos años.

Este estudio anticipa una demanda de cuidados a largo plazo mucho más compleja en los territorios con peores indicadores de salud cognitiva, lo que requiere que las estrategias políticas , como el Plan Nacional de Demencia y el Sistema Nacional de Cuidado respondan a esta realidad,sobre todo en las macrozonas norte y sur", advierte la académica.

Educación y actividad física

La investigación también analizó el impacto de factores asociados a la llamada "reserva cognitiva", como el nivel educativo y la actividad física. Así, los resultados muestran que las personas con mayor educación y que se mantienen físicamente activas pueden retrasar hasta en 5.5 años síntomas deterioro cognitivo, lo que mejora sin duda su calidad de vida en la vejez.

Este efecto es especialmente relevante en el caso de las mujeres. Si bien ellas tienen una mayor esperanza de vida total que los hombres, también pasan más años con deterioro cognitivo. Según el estudio, esto se relaciona con trayectorias laborales y educativas más desiguales, además de una mayor carga de cuidados a lo largo de la vida.

En este contexto, la actividad física aparece como un factor protector clave, pues se muestra que incluso en personas con menor nivel educativo, realizar alguna rutina de deporte al menos una vez por semana ayuda a reducir el riesgo de deterioro cognitivo y a compensar desventajas acumuladas con los años. “Cuando una persona no logró alcanzar un nivel educativo que favorezca su bienestar, la actividad física puede ayudar a equilibrar esa desventaja”, cierra diciendo la Dra. Rueda.