Investigadores UM analizan el potencial de la metformina en el estudio de tumores gastrointestinales

Un artículo científico liderado por el Centro de Oncología de Precisión U. Mayor evaluó cómo este fármaco para la diabetes influye en procesos celulares clave y en la regulación genética de células tumorales.


La metformina, un fármaco utilizado por décadas para el tratamiento de la diabetes tipo 2, podría convertirse en un importante aliado terapéutico contra el cáncer.

Así lo plantea un artículo científico publicado en la revista Discover Oncology por un equipo de investigadores de la Universidad Mayor, quienes analizaron cómo este medicamento influye ya sea mediante su mecanismo de acción metabólico directo como también indirecto en conjunto con una red de reguladores epigenéticos de la expresión génica, en los mecanismos o características distintivas del cáncer, impactando así en microambiente tumoral de diversos tumores malignos gastrointestinales, tales como colorrectal, gástrico, hepático y pancreático, lo que finalmente se traduce en acciones que inhiben en diferente cuantía los complejos mecanismos celulares y moleculares que promueven el crecimiento y desarrollo de estos tumores malignos.

“Hay una importante evidencia científica acumulada sobre el rol de la metformina como potencial agente terapéutico sinérgico en conjunto con otras terapias, en distintos tipos de cáncer. Así surgió la idea de conectar esa evidencia con los tipos de tumores gastrointestinales que investigamos”, explica el Dr. Tomás de Mayo, investigador del Centro de Oncología de Precisión y director de la Escuela de Medicina de la U. Mayor.

Metabolismo y cáncer

La investigación abordó las alteraciones metabólicas y la inflamación crónica presentes en patologías de alta prevalencia como la diabetes tipo 2, la obesidad y el sobrepeso. De acuerdo con el estudio, estas condiciones pueden generar, con el paso del tiempo, un ambiente favorable para el desarrollo de tumores malignos.

“Estas enfermedades, que implican alteraciones del metabolismo, generan un ambiente de inflamación crónica persistente. Al conjugarse con otros factores metabólicos, inmunológicos, genéticos y medioambientales, de forma sinérgica, pueden favorecer la aparición de un entorno pro-tumorigénico”, detalla el Dr. de Mayo.

En este contexto, distintos estudios epidemiológicos y preclínicos han observado asociaciones entre el uso de metformina y cambios en la progresión de la enfermedad. “Las investigaciones han demostrado que el fármaco actúa en múltiples procesos que permiten a los tumores obtener ventajas evolutivas tales como un crecimiento descontrolado y una capacidad de adaptación sobresaliente a las condiciones del microambiente tumoral”, añade el académico.

“Efecto esponja”

Uno de los focos principales del estudio está en los ARN circulares (circRNAs), moléculas que participan en la regulación de la expresión genética y que poseen un rol relevante en procesos asociados a la progresión tumoral.

En términos simples, estas moléculas funcionan como reguladores internos de la célula, ayudando a controlar la actividad de otros genes y los mensajes que determinan su comportamiento, los que bajos ciertas circunstancias, pueden tener un impacto en ciertas condiciones que promueven el desarrollo de tumores malignos.

“En específico, estos ARN circulares actúan como una esponja: capturan los microARN que regulan la expresión de distintos genes involucrados en procesos como crecimiento, metabolismo, inflamación y respuesta inmune”, detalla el Dr. De Mayo.

El artículo revisa cómo estas redes moleculares de regulación de la expresión génica interactúan con las vías metabólicas moduladas por el medicamento y de qué forma esta relación podría influir en distintos procesos asociados al cáncer.

La evidencia científica analizada en la publicación indica que la metformina afecta esta red compleja de ARN circulares que atrapan los microARN, influyendo en la expresión de genes clave que regulan procesos vitales tales como la replicación celular, transición epitelio-mesénquima, regulación metabólica, modulación de la respuesta inmune, entre otros, los que encuentran alterados de forma relevante en un tumor maligno. Mediante esta interacción, podría generar un efecto en el enlentecimiento de la progresión tumoral, un rol sinérgico en la respuesta junto a otras terapias oncológicas e interferir en la evasión de la respuesta inmune, un sello característico de muchos tumores malignos”, complementa.

Rumbo hacia una medicina personalizada

Además de indagar en estos mecanismos biológicos, esta línea de investigación abre nuevas preguntas sobre el desarrollo de herramientas para identificar características específicas de cada paciente. En ese escenario, los ARN circulares se perfilan como potenciales biomarcadores, es decir, huellas o señales bioquímicas que permiten detectar o caracterizar enfermedades de manera precoz y de fácil cuantificación mediante métodos de laboratorio.

A pesar de los resultados, el equipo científico es cauto respecto a los próximos pasos. “Todavía falta camino para que sea una evidencia absolutamente contundente. Hay que determinar con precisión en qué tipos de cáncer funcionaría, en qué pacientes y cuál sería su impacto real”, afirma el investigador.