Estudio muestra cómo la megasequía golpeó al turismo de nieve y ríos en Chile

Aunque las precipitaciones de este año trajeron alivio, científicos de la U. Mayor y la UC aclaran que no revierten más de una década de crisis hídrica. La investigación analizó 25 años de registros y demostró cómo la baja de nieve y caudales impacta en el sector, donde den cada temporada invernal se restan cerca de 14 mil visitas.


 

Las intensas precipitaciones y nevadas registradas durante los últimos meses trajeron postales invernales que hace tiempo no se veían en la cordillera y los valles del país. Sin embargo, la evidencia científica es clara: un invierno lluvioso no significa el fin inmediato de las consecuencias de la megasequía ni de la escasez hídrica que ha afectado a nuestro país durante las últimas décadas. Tras más de 15 años de escasez ininterrumpida, grandes reservorios estratégicos aún continúan lejos de sus niveles históricos óptimos, recordándonos que seguimos expuestos a volver a temporadas de sequía extrema.

En ese escenario, una investigación que reunió a académicos de la Universidad Mayor y de la Pontificia Universidad Católica de Chile cobra especial vigencia, ya que, tras analizar 25 años de registros (2000-2024), demostró cómo el estrés hídrico ha transformado la operatividad y sostenibilidad del turismo dependiente del agua en Chile.

La Dra. Jennyfer Serrano, investigadora de la Escuela de Biotecnología de la U. Mayor, explica que “esta investigación nació con la idea de levantar evidencia empírica a lo largo de varias cuencas del país sobre cómo la falta de agua impacta directamente al turismo”.

Y agrega: “Los datos históricos demuestran que cuando cae el nivel de nieve o de los cauces, se acortan los días de reserva, disminuye el flujo de turistas y se reduce la actividad en disciplinas dependientes del agua como el rafting. Por eso, el espíritu de este trabajo es alertar y entregar datos para la toma de decisiones, porque el cambio climático y la variabilidad hídrica llegaron para quedarse”.

El estudio, publicado en la revista científica Climate y en el que también participaron Carolina Rodríguez y Eduardo Leiva (ambos de la UC), analizó cuencas clave entre Atacama y La Araucanía e identificó un punto de inflexión común en el año 2009. A partir de esa fecha, coincidente con el inicio de la megasequía, cuencas cordilleranas como las de los ríos Aconcagua, Maipo y Mapocho comenzaron a registrar caídas de entre 13% y 22% en su cobertura de nieve respecto a la década previa.

El impacto económico de este fenómeno es directo. Al cruzar las variables ambientales con los balances de la Asociación de Centros de Ski de Chile (ACESKI), los investigadores comprobaron que la acumulación de nieve condiciona de manera casi lineal la duración de la temporada, las visitas totales y la contratación de personal.

De acuerdo con los modelos del estudio, cada día que se pierde en la temporada de esquí se asocia, en promedio, a cerca de 13.800 visitas menos y a la pérdida o no generación de 25 empleos directos, afectando a toda la cadena de alojamiento, gastronomía y servicios de montaña.

Menores caudales

En los valles y zonas precordilleranas, los ríos son el motor del turismo aventura. En este ámbito, la investigación también muestra que cuencas como el Maipo y el Teno han experimentado un deterioro severo y prolongado en su ventana operativa para el rafting en el último cuarto de siglo. En el sur, la cuenca del río Bueno exhibió una caída sostenida en su aptitud recreativa desde 2014, mientras que cauces como el Biobío y el Aisén mostraron mayor estabilidad y resiliencia frente a la variabilidad climática.

Para los autores, el mensaje de fondo es evitar la autocomplacencia tras una temporada abundante en precipitaciones, ya que la tendencia de largo plazo anticipa que la disponibilidad hídrica en Chile central se mantendrá bajo permanente presión.

“El estudio busca ser una herramienta para planificar cómo el sector turismo enfrentará el cambio climático en los próximos años”, recalca la Dra. Jennyfer Serrano, quien advierte que es prioritario consolidar métricas unificadas entre caudales, nieve y visitación turística, además de diseñar infraestructura resiliente y diversificar actividades fuera de temporada para evitar que las economías locales queden a merced de los vaivenes del clima.