Experta advierte sobre las consecuencias del cambio climático para La Araucanía

Experta advierte sobre las consecuencias del cambio climático para La Araucanía

La Región, que suma 11 años consecutivos de déficit hídrico, se enfrentará a un escenario de alto riesgo para incendios forestales durante esta temporada estival. “Este fenómeno llegó para quedarse y vamos a tener que aprender a vivir en condiciones extremas que se irán acentuando”, dice la directora de Territorio Mayor, Erika Álvarez.


El pronóstico es desalentador, ya que —según advierte un boletín de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC)— La Araucanía se enfrentará a un escenario de alto riesgo para incendios forestales durante esta temporada estival, en medio de 11 años consecutivos de déficit hídrico.

Mientras algunos hablan de “megasequía”, la directora del Centro Tecnológico Territorio Mayor de la Universidad Mayor sede Temuco, Erika Álvarez, dice que la realidad del territorio es otra, porque “un efecto excepcional se calcula en cinco años máximo y ya llevamos once”.

Lamentablemente, —agrega— “no es algo que nos tenga que asombrar, más bien es un fenómeno que llegó para quedarse. Vamos a tener que aprender a vivir con esta diferencia de precipitaciones y vamos a tener que aprender a vivir con condiciones extremas que se van a ir acentuando”.

El problema es que no estamos preparados”, sentencia. 

Hacia un clima árido

La directora del Centro Tecnológico Territorio Mayor y su equipo se encuentran realizando estudios en cuatro comunas piloto de La Araucanía: Purén, Nueva Imperial, Teodoro Schmidt y Padre Las Casas, con el fin de ayudar a su ciclo hidrológico y mejorar sus tasas de infiltración.

“Nuestras mediciones indican que las tasas de evapotranspiración, lamentablemente, no están llegando al suelo y que el clima se está volviendo cada vez más árido. Las mínimas que marcaban el cambio de estación se están corriendo y, por lo tanto, tenemos temperaturas más altas”, añade la experta.

Dichas temperaturas, al ser prolongadas, van causando que el suelo sea más seco y que el clima sea más árido, es decir, con menos precipitaciones. “El ciclo hidrológico depende de una tasa de recarga de humedad, de la cantidad de infiltración y de una suficiente masa arbórea funcional que permitan que las tasas de evapotranspiración estén en equilibrio”, explica.

Cabe preguntarse, entones: ¿es posible revertir dicho escenario?

La respuesta, lamentablemente, es “no”, ya que —acota Álvarez— “el cambio climático es un cambio permanente en los patrones del clima, y se da por un calentamiento global acelerado producto de las concentraciones de CO2. Para revertirlo tendrías que llegar a ser neutro y no lo hacemos”.

“No somos un país que esté muy preocupado o yendo hacia energías limpias. Además, por mucho que ahorremos, el CO2 que liberan países como Estados Unidos es altísimo. Entonces, lo único que nos podría ayudar es adaptarnos, para controlar el proceso y que no siga avanzando”, señala la especialista.

Adaptación al cambio clímatico

Según revela Álvarez, el clima “más desértico” que se daba en Santiago se ha ido corriendo al sur, llegando —incluso— a Los Ríos.

En la Región vamos a quedar con clima mediterráneo. Y la pregunta es: ‘¿Cómo vamos a sobrevivir?’ Pensando que en 2017 ya había migrantes climáticos en Monte Patria, personas que abandonan sus pedios por no contar con las condiciones mínimas que permiten la vida, es decir, temperatura, humedad y agua. Ese fenómeno avanza y no hemos tomado conciencia de lo importante que es resguardar algunos ecosistemas que ayudan a amortiguar el proceso, como los humedales que fijan el 30% del CO2 del planeta”, sostiene la directora de Territorio Mayor.

“Chile es un país que depreda sus recursos por sobre la tasa de cuidado que tiene y bajo ese escenario estamos condenados a sufrir eventos climáticos extremos, que aumentarán la pobreza, porque el cambio climático en Chile nos enfrenta a dos situaciones: al déficit hídrico y a no tener seguridad alimentaria, porque hay que tener agua para producir alimentos”, puntualiza.

Sobre las soluciones, Álvarez apunta a que “hace 30 años las calles no se inundaban como ahora, porque los jardines y antejardines no están tapados con cemento. Hoy el agua que cae se pierde en colectores. Y el impermeabilizar el suelo, además, se generan islas de calor, perjudicando, principalmente, a las personas mayores. Hemos construido una ciudad que no está adaptada”.

Entonces, en la ciudad, la clave estaría en aportar con jardines y antejardines con especies vegetales; reemplazar los colectores por soluciones de infiltración, como zanjas y jardines de lluvia, en áreas verdes; promover el cuidado y mantención del arbolado urbano; y recuperar los humedales.

Mientras que en las áreas rurales hay que cambiar los cultivos tradicionales por unos que tengan mayor resistencia al estrés hídrico. “Lo que tenemos que hacer como política, que es lo que estamos trabajando en nuestro programa, es ver cómo podemos recuperar las áreas que antes aportaban a ayudar a la infiltración y la recarga en forma natural y que la gente recuerde cómo era su ciclo natural y cómo eran las áreas que tenían mayor relevancia para que las vuelvan a cuidar, porque todos somos parte del ciclo”, concluye Álvarez.