Investigador confirma presencia en Chile de hongo que provoca rara infección subcutánea

El Dr. Hugo Madrid, académico de Tecnología Médica e investigador del CReAM de la Universidad Mayor, identificó por primera vez Phialophora americana a través de métodos moleculares, un avance para la detección y tratamiento de la cromoblastomicosis.


Un hallazgo realizado en el suelo del Parque Nacional La Campana, en la Región de Valparaíso, permitió confirmar mediante métodos moleculares la presencia en Chile de Phialophora americana, un hongo de importancia médica que puede provocar cromoblastomicosis, una infección que afecta la piel y los tejidos subcutáneos.

El descubrimiento fue realizado por el Dr. Hugo Madrid, académico de Tecnología Médica e investigador del Centro para la Resiliencia, Adaptación y Mitigación (CReAM) de la Universidad Mayor sede Temuco, en el marco de un estudio más amplio sobre biodiversidad de hongos presentes en ambientes naturales del país.

La identificación inicial, a partir de las características morfológicas, permitió determinar que se trataba de un hongo del género Phialophora, que reúne distintas especies de importancia médica. Para establecer con precisión de qué especie se trataba, el Dr. Madrid realizó un análisis molecular basado en análisis de secuencias de ADN.

La utilización de estas herramientas resulta especialmente relevante en este grupo de hongos, debido a que distintas especies presentan características morfológicas muy similares. “Cuando se identifica únicamente con el microscopio, hay muchos errores, porque las características morfológicas se solapan mucho”, señala.

Aunque existen escasos reportes previos de este hongo en Chile, aislados desde muestras ambientales y de animales, estaba la duda de si realmente se trataba de P. americana, dado que la identificación se basaba únicamente en morfología.

Este nuevo aislamiento, caracterizado molecularmente, confirma que este agente infeccioso se encuentra de manera natural en suelos de Chile.

Una enfermedad poco frecuente

La importancia de su hallazgo radica en que P. americana es uno de los hongos capaces de provocar cromoblastomicosis, una infección de evolución lenta, pero que puede llegar a ser muy destructiva, afectando la piel y el tejido subcutáneo.

El único caso autóctono publicado se remonta a 1988 y fue diagnosticado a partir de las características histopatológicas del hongo observadas en una biopsia. Sin embargo, no se realizó un cultivo micológico y la especie que provocó la infección nunca fue identificada. Posteriormente, en 2022 se publicó un caso de cromoblastomicosis importada, adquirida en Haití y asociada a otra especie de hongo.

La cromoblastomicosis puede adquirirse cuando el hongo presente en el suelo o material vegetal ingresa a través de una lesión en la piel. Por ello, las personas que realizan labores agrícolas o mantienen contacto frecuente con tierra, madera, espinas u otros elementos vegetales pueden estar más expuestas.

Las lesiones suelen desarrollarse lentamente, avanzando en el transcurso de meses, años o incluso décadas. Entre sus manifestaciones clínicas se encuentran lesiones verrugosas que pueden extenderse progresivamente y, en casos de larga evolución, provocar deformidad y dificultades en la movilidad de la extremidad afectada.

El diagnóstico temprano es relevante, ya que los casos extensos pueden ser complejos de tratar. El manejo puede incluir antifúngicos y, dependiendo de las características de las lesiones, procedimientos como cirugía, crioterapia o termoterapia.

Referencias: Ahmed SA, Bonifaz A, González GM, Moreno LF, Menezes da Silva N, Vicente VA, Li R y de Hoog S.

“Phialophora americana podría estar causando cromoblastomicosis en el ser humano en Chile, incluso en personas que nunca hayan viajado a países donde la enfermedad es endémica, y es muy probable que haya un subdiagnóstico”, plantea.

Aunque el aislamiento de P. americana en suelo chileno no demuestra por sí mismo que actualmente exista una circulación importante de cromoblastomicosis causada por esta especie en la población, sí establece un antecedente ambiental que, a juicio del investigador, debe ser considerado tanto por la comunidad científica como por los profesionales encargados del diagnóstico.