Octubre Rosa: más allá del lazo rosado
Irma Valdebenito, académica de Obstetricia de la sede Temuco, escribe opinión en El Austral de Temuco, el 22 de octubre de 2026.
Cada octubre, el color rosa vuelve a ocupar nuestras calles, instituciones y redes sociales. Se multiplican las campañas, los mensajes de prevención y los llamados a realizarse una mamografía. Es una oportunidad valiosa para visibilizar el cáncer de mama, una enfermedad que continúa afectando profundamente la vida de miles de mujeres y sus familias. Sin embargo, entre tantos lazos rosados y mensajes de concientización, surge una pregunta que merece nuestra atención: ¿basta con recordarles a las mujeres que deben cuidarse?
Durante años hemos insistido en la importancia de la detección precoz, y con razón. Identificar el cáncer de mama en etapas tempranas puede mejorar significativamente las posibilidades de tratamiento y supervivencia. Pero existe una diferencia fundamental entre conocer la importancia
de un examen y tener las condiciones necesarias para acceder a él.
Para muchas mujeres, realizarse una mamografía no depende únicamente de su voluntad. Implica conseguir una hora disponible, solicitar permiso en el trabajo, organizar el cuidado de sus hijos o familiares, disponer de transporte y, en ocasiones, desplazarse desde sectores rurales hacia centros urbanos. Son barreras que rara vez aparecen en las campañas publicitarias, pero que pueden determinar cuándo se detecta una enfermedad.
Por eso, hablar de prevención también exige hablar de desigualdad. No todas las mujeres enfrentan las mismas oportunidades de acceso a la salud, ni cuentan con los mismos recursos para responder oportunamente a una recomendación sanitaria. Cuando reducimos la prevención a una responsabilidad exclusivamente individual, corremos el riesgo de responsabilizar a las propias mujeres por dificultades que muchas veces son estructurales.
El desafío no consiste en abandonar las campañas de Octubre Rosa, sino en ampliar su significado. Necesitamos que la sensibilización vaya acompañada de acceso oportuno a exámenes, continuidad en la atención, información comprensible y sistemas de salud capaces de responder cuando aparece un resultado sospechoso. Porque detectar una alteración es solo el comienzo de un proceso que debe garantizar evaluación diagnóstica y tratamiento oportunos.
Quizás, después de tantos octubres teñidos de rosa, sea momento de preguntarnos no solo cuántas mujeres recibieron el mensaje, sino cuántas pudieron actuar a partir de él. La verdadera medida del éxito de una campaña no debería estar únicamente en su visibilidad, sino también en su capacidad para contribuir a reducir las brechas de acceso.
El cáncer de mama no distingue entre mujeres, pero las oportunidades para enfrentarlo sí pueden ser profundamente desiguales. Y esa es una realidad que debemos atrevernos a mirar.
Porque el compromiso con la salud de las mujeres no puede limitarse a llevar un lazo rosado durante octubre. Debe expresarse en oportunidades concretas de cuidado, diagnóstico y tratamiento durante todo el año.
Irma Valdebenito, académica de Obstetricia y Puericultura de la U. Mayor sede Temuco.
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